viernes, 14 de noviembre de 2014

LUCES, CÁMARAS... ¡AMOR!

...a la mujer de mi vida. Un trienio cumplido, y en un año, uniendo nuestras vidas para siempre.

Los fotógrafos, dicen, que vivimos de la luz, que sin ella no podríamos trabajar, que es nuestra materia prima, que tratamos de inmortalizar con nuestras armas que son nuestras cámaras y objetivos. Yo voy más allá, ¿que sería de la luz si no hay sombra?. Si no hay sombra no habría luz, y viceversa, las dos se necesitan para vivir en esa torrentosa relación de amor-odio. Los fotógrafos vivimos de ocultar las sombras y mostrar las luces, pero necesitamos las sombras para destacar las luces.

Una relación de amor también se basa en eso. Consiste en saber que las sombras existen pero que hay luces que destacan más que estas precisamente porque las sombras están muy cerca de las luces y eso es lo que le da belleza a la fotografía de la vida. No hay que mirar más allá de las luces y las sombras, hay que saber huir de las sombras cuando hace falta, pero también resguardarse en ellas e iluminarlas. Una fotografía llena de luz es una foto casi quemada, por eso, cuando en una relación ya te han subido el sueldo por tu primer trienio consumado, hay que saber cuidarla. Hay que medir los tiempos, hay que darle arrumacos a las sombras, y terminar iluminándolas. Las sombras hacen falta, así valoramos más la luz.

La materia prima de una relación es también la luz, pero un poco más conceptual, me explico. Sin luz en el corazón, sin esa luz tan fuerte que nos produce la ceguera en los primeros compases, no amaríamos desmedidamente como lo hemos hecho. Esa luz cegadora es necesaria, y las sombras que van apareciendo la pasan de un blanco a un gris medio, que es con el color de fondo con el que mejor se contemplan las fotografías (fijarse en el Photoshop). Sabiendo mantener el fondo gris medio con arrumacos, sabremos darle forma a la fotografía de la vida, que es la que iremos forjando día a día. Y parece que lo vamos haciendo bien, ya nos han subido el sueldo...