domingo, 17 de agosto de 2008

FIASCO GANADERO

Los destellos que nos dejó el torero de Linares fueron pocos, puesto que sus dos enemigos no dieron ninguna opción de triunfo. Toreó el de Partido de Resina, que salió astillado y de un topetazo en un burladero se partió un pitón; y el de Guardiola, ninguno de los dos le permitió practicar su particular manera de entender el toreo.

La lidia al segundo de la tarde (de Partido de Resina) fue desastrosa. El tercio de varas parecia sacado de un cómic, el picador le colocó una puya tan bien que le fue imposible quedarse con la madera en la mano, y el toro salió avanto con la puya en lo alto de los costillares, y los de traje de luces tras él. Más de cinco minutos para conseguir quitarle la dichosa puya, ya había recibido el segundo puyazo el toro con la puya en lo alto, se la recetó el varilarguero desde las crines del equino.

De lo poco que vimos en toda la tarde fue un buen inicio de faena de Aníbal Ruiz al de Samuel Flores, que fue el mejor presentado de toda la corrida junto al de Couto de Fornilhos (que también lidió Aníbal),y sobre todo el más limpio de pitones. El "Samuelón" se rajó enseguida y el torero alcazareño hubo de realizarle la faena pegado a tablas, llegando a conseguir sacarle dos naturales de bella factura, largos, llevando al enemigo toreado desde el principio y bajando la mano con pericia.

Luis Francisco Esplá no quiso ver a su primero, un toro de Miura, que olía demasiado a after shave y que resultó bronco y complicado en la muleta. Con el de Cuadri llegó a lucirse en banderillas, poniendo el último par como al violín -ya como "El Fandi"-. Brindó la muerte del quinto de la tarde a un amigo suyo diciéndole así: "Esto se acaba, los amigos no". Y la verdad es que ya va siendo hora de que se acabe, despues de una dilatada y experimentada carrera Luis Francisco no puede dejar el sabor de boca que dejó ayer en la Plaza de Toros de Ciudad Real.

El arriesgo y el valor lo puso Aníbal en el último, un toro bien presentado de "Couto de Fornilhos", un toro que sabía lo que se dejaba atrás con el que el alcazareño estuvo más que bien, estando por encima de él consiguiendo sacarle algún que otro muletazo limpio a base de tesón y de arriesgar mucho. Una oreja merecida.

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