sábado, 11 de septiembre de 2010

LA FIEBRE DEL INDULTO Y LA SUERTE DE NO MATAR

Viernes 10 de Septiembre de 2010. Corrida de Feria en honor a la Virgen de la Sierra de Villarrubia de los Ojos (Ciudad Real).



- Curro Díaz (purísima y oro): Dos orejas y Oreja.
- Fernando Robleño (grana y oro): Ovación y Dos orejas y rabo.
- Rubén Pinar (rosa y oro): Dos orejas y Dos orejas y rabo simbólicos.

Con media entrada se ha lidiado una corrida de “El Cortijillo” y “Lozano Hermanos” (el que hizo quinto), de excelente presentación y juego, destacando primero, segundo y sexto, que fue indultado (”Herrerón”, núm. 54).

El albaceteño Rubén Pinar tuvo dos actuaciones muy distintas en cada uno de sus toros. A su primero, un toro sin transmisión alguna, lo sobó en demasía, llegando a aburrir a los tendidos. Le recetó un buen espadazo, y el público le pidió las dos orejas, que le fueron concedidas. Ante su segundo, un toro con tintes de manso, pero que embestía con codicia, el albaceteño estuvo toreando a media altura y vaciando la embestida hacia afuera toda la faena. El toró acabó rajado en tablas con los consabidos rodillazos y desplantes de Pinar. Entre los adornos y los pases por alto del torero, y las embestidas codiciosas del toro, se formó en la plaza una batalla campal. Llegaron a caer al ruedo hasta jarras con bebida. El torero se pasó los últimos compases de la faena haciendo aspavientos antes de entrar a matar, cosa que echó al público encima del presidente. Claro, hay una gran diferencia entre entrar a matar y no hacerlo. Los toreros deberían de ponerle un nombre a esa suerte, “la suerte de no matar”. Desde el palco, y para no provocar un altercado público, accedieron a conceder el inmerecido indulto. El ambieste festivo se apoderó del último de la tarde y hasta se escucharon cánticos por parte del respetable, que son más adecuados para un campo de fútbol, que para una plaza de toros.

Fernando Robleño sufrió una fea voltereta cuando se encontraba toreando a su primer toro. Antes, lo había recibido con verónicas de cierto gusto, y lo quitó del caballo por chicuelinas. La faena alcanzó su cota más alta en dos series de naturales de bella factura. Mató mal y el público lo consoló con una vuelta al ruedo. El quinto de la tarde, el único de “Lozano Hermanos”, se hizo con la dirección de la lidia, no hubo ni orden ni concierto. En la muleta fue un toro bravo, que sabía lo que se dejaba atrás. El madrileño no se amilanó y estuvo hecho un tío, porfiando por los dos pitones. Con la derecha logró sacar un par de tandas que calaron hondo en los tendidos. Mató de estocada casi entera, de efecto fulminante, y recibió las dos orejas y el rabo.

Curro Díaz anduvo entonado toda la tarde. Sus dos toros le permitieron realizar el toreo desgarrado al que nos tiene acostumbrados. A su primero le pegó un estoconazo, que propició que el toro tardara poquísimo en besar la arena. Su segundo fue un burel con fuerza que se hizo dueño de la lidia. El torero linarense lo acabó sometiendo en la franela por el pitón derecho que era el más noble. Después de probarlo por el pitón izquierdo, volvió al derecho para rematar la faena. Mató de estocada caída y le fue concedida una oreja.

Fue una tarde en la que el público se divirtió demasiado y en la plaza de toros pareció que había una verbena más que la fiesta nacional.

Fotografías: Ernesto Naranjo


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